hubo una boda inmediata.
No hubo una transformación mágica.
Hubo tiempo.
Alejandro formalizó legalmente su paternidad. Sofía comenzó poco a poco a llamarlo papá sin que nadie se lo pidiera.
La primera vez ocurrió mientras él reparaba una bicicleta pequeña.
—Papá, ¿ya quedó?
Alejandro dejó la herramienta sobre el piso.
Mariana lo vio tragarse las lágrimas antes de responder.
—Ya casi, mi amor.
Un año después, Mariana y Alejandro se casaron en una ceremonia sencilla en el jardín de la casa.
Doña Chayo lloró desde el primer minuto.
Lucía también