primer día.
—Si voy a trabajar aquí, tendré puesto, sueldo y responsabilidades como cualquiera.
Alejandro sonrió.
—Ahí está la muchacha que discutía conmigo porque no quería que le pagara el cine.
—Esa nunca se fue.
El rancho comenzó además a contratar trabajadores de la zona bajo condiciones más justas y a apoyar pequeños productores locales que durante años habían dependido casi exclusivamente de los Robles.
La historia de Mariana cambió lentamente dentro del pueblo.
Durante cuatro años había sido “la mujer que robó”.
Después fue “la mujer acusada injustamente”.
Pero