excelente con los números. Quería estudiar administración y abrir algún día un negocio propio.
¿Qué había ocurrido?
A la mañana siguiente comenzó a preguntar discretamente.
En una pequeña tienda del pueblo, doña Chayo reconoció el nombre enseguida.
—¿Mariana López? Claro que la conozco. Esa pobre mujer quedó marcada por culpa de los Robles.
La familia Robles poseía uno de los ranchos más grandes de la región. Mariana había trabajado allí como encargada administrativa hasta cuatro años atrás, cuando desaparecieron casi dos millones de pesos de varias cuentas.
Don Ernesto Robles,