abrió la puerta y tardó varios segundos en reconocerlo.
El trapo que llevaba en la mano cayó al suelo.
—¿Alejandro?
—Soy yo.
Su sorpresa se convirtió rápidamente en resentimiento.
—¿Viniste a ver cómo terminó la mujer a la que prometiste volver?
Él quiso explicarse, pero entonces Sofía salió detrás de su madre y abrazó su pierna.
Alejandro miró a la niña.
Algo en aquellos ojos claros lo dejó sin aire.
Había visto ese tono verde solamente en una persona durante toda su vida: su propia madre.
—Mariana… —murmuró—. ¿Cuántos años