sabía que algún día tendría que contarlo.
Y ese día estaba llegando más rápido de lo que nadie imaginaba.
Javier Robles entró en la comisaría quince minutos después del arresto.
Todavía llevaba la cámara corporal encendida.
Vio a Sergio junto a la máquina de café, intentando actuar como si acabara de hacer un buen trabajo.
—Molina —dijo Javier—. Me dijeron que trajiste a alguien del parque.
Sergio levantó el mentón.
—Un problemático. Ya está donde debe estar.
A Javier se le heló la sangre.
Caminó hasta la zona de celdas.