admitió él—. Ella no me amaba a mí. Amaba lo que yo tenía.
Sacó entonces un cuaderno gastado y lo colocó sobre la mesa. Era de Richard. Adentro no había proyecciones financieras ni estrategias corporativas. Había deseos. Anhelos escritos a mano por un padre que ya no estaba: que Thomas encontrara un propósito más allá de la riqueza; que aprendiera a merecer respeto en lugar de heredarlo; que valorara a Charlotte antes de que ella dejara de esperarlo; que comprendiera que las personas no son herramientas; que regresara a casa