libreta azul detrás de San Judas.
—Mamá, no hables.
—Escúchame. Hay fechas, placas, nombres y cantidades.
Se me llenaron los ojos de lágrimas.
—¿Qué hizo Javier?
—Usó tu firma.
Sentí un golpe en el pecho.
—¿Para qué?
—Créditos. Documentos de la casa. Seguros.
La camilla comenzó a avanzar.
—No dejes que encuentre esa libreta.
Llamé inmediatamente a su vecina, la señora Lupita.
Le expliqué dónde estaba la llave de repuesto.
—Voy por ella —respondió.
Cuando colgué, recibí un mensaje desde un número desconocido.
Si hablas con la policía, tu mamá