Mi esposo se rio cuando mi madre de 75 años dijo que llevaba meses con un ardor terrible en el estómago: “Solo quiere que gastes dinero en ella”. La llevé al hospital a escondidas. Cuando el médico vio la tomografía, cerró la puerta y me mostró una cápsula metálica dentro de su cuerpo. Minutos después llegó mi esposo. Miró la pantalla, se puso blanco y, sin preguntar qué era, ordenó: “Apáguenla”.

libreta azul detrás de San Judas.

—Mamá, no hables.

—Escúchame. Hay fechas, placas, nombres y cantidades.

Se me llenaron los ojos de lágrimas.

—¿Qué hizo Javier?

—Usó tu firma.

Sentí un golpe en el pecho.

—¿Para qué?

—Créditos. Documentos de la casa. Seguros.

La camilla comenzó a avanzar.

—No dejes que encuentre esa libreta.

Llamé inmediatamente a su vecina, la señora Lupita.

Le expliqué dónde estaba la llave de repuesto.

—Voy por ella —respondió.

Cuando colgué, recibí un mensaje desde un número desconocido.

Si hablas con la policía, tu mamá