Me desperté en nuestro hotel de Tailandia y descubrí que mi esposo y mi suegra se habían llevado a mi hija. También se llevaron mi teléfono y mi pasaporte y cancelaron mi vuelo de regreso. Sobre la mesa, mi esposo dejó una nota: —Arréglatelas tú sola.

El equipo de Esteban contactó a la representación consular mexicana y organizó mi traslado para completar el procedimiento de documentación de emergencia.

Me prestaron un teléfono seguro.

Lo primero que quise hacer fue llamar a Rodrigo.

Esteban me detuvo.

—No.

—Tiene a mi hija.

—Y cree que tú no puedes hacer nada. Esa ventaja vale oro durante unas horas.

Apreté los dientes.

—No quiero oro. Quiero a Sofía.

—Entonces déjalo seguir.

No comprendí hasta que me mostró una alerta.

Rodrigo acababa de enviar desde mi correo personal un mensaje al