Regresé para castigar a mi hija por haber desperdiciado 58,000 pesos. Pero en la escuela la encontré guardando medio bolillo para la cena. Cuando la orientadora abrió su expediente, señaló una frase y preguntó: —Señor Salgado, ¿por qué aquí dice que usted nunca le ha enviado dinero kara?

dijo algo que nunca olvidé.

—No convierta a Sofía en una fuente de pruebas. Ya pasó demasiado tiempo sintiendo que sus necesidades no importaban. Ahora vuelva a ser su padre.

2 días después llamé a Teresa.

Grabamos la conversación siguiendo las instrucciones del abogado.

—Mamá, ¿cómo se llama el muchacho con el que anda Sofía?

—Brandon… creo.

—¿Apellido?

Silencio.

—¿Y el tatuaje?

—Una mariposa enorme en el hombro.

—¿Qué hizo con los 58,000 pesos de la computadora?

—Compró ropa de marca.

—¿Dónde está?

Otra pausa.

—Seguramente la escondió en