Regresé para castigar a mi hija por haber desperdiciado 58,000 pesos. Pero en la escuela la encontré guardando medio bolillo para la cena. Cuando la orientadora abrió su expediente, señaló una frase y preguntó: —Señor Salgado, ¿por qué aquí dice que usted nunca le ha enviado dinero kara?

casa de alguna amiga.

Mentira tras mentira.

Hasta que pregunté:

—¿Cuánto dinero te he depositado este año?

Su voz cambió.

—¿Por qué preguntas eso?

—Estoy revisando mis cuentas.

Silencio.

—Mauricio… ¿te están auditando?

Por primera vez escuché miedo.

Acordamos vernos la noche siguiente.

Sofía quiso acompañarnos.

Cuando llegamos, Teresa abrió la puerta sonriendo.

Detrás de mí estaban Laura y Daniel.

Pero en cuanto vio a Sofía sujetando mi brazo, la sonrisa desapareció.

—Sofía, ven acá inmediatamente.

Mi hija se quedó quieta.

—¡Te estoy hablando!

Me coloqué frente a ella.

—No