Regresé para castigar a mi hija por haber desperdiciado 58,000 pesos. Pero en la escuela la encontré guardando medio bolillo para la cena. Cuando la orientadora abrió su expediente, señaló una frase y preguntó: —Señor Salgado, ¿por qué aquí dice que usted nunca le ha enviado dinero kara?

Sofía?

Teresa bajó la mirada.

—No todo.

Daniel golpeó la mesa.

—¡Me dijiste que eran tus ahorros!

—Yo la cuidé durante 5 años —gritó Teresa—. Mientras tú estabas cómodamente en Monterrey.

Aquello me dolió porque tenía una parte de verdad.

—Sí. Me equivoqué. Debí estar aquí. Esa culpa es mía. Pero mi ausencia no te daba derecho a quitarle la comida.

Teresa miró a Sofía.

—Siempre fue muy complicada para comer.

Mi hija dio un paso al frente.

—Nunca me dabas dinero para comida.

—¡Cállate!

Golpeé la mesa con la