Regresé para castigar a mi hija por haber desperdiciado 58,000 pesos. Pero en la escuela la encontré guardando medio bolillo para la cena. Cuando la orientadora abrió su expediente, señaló una frase y preguntó: —Señor Salgado, ¿por qué aquí dice que usted nunca le ha enviado dinero kara?

palma.

—No vuelvas a decirle que se calle.

Sofía temblaba.

Pero siguió hablando.

—Me decías que papá estaba cansado de gastar dinero en mí.

—Era para enseñarte disciplina.

—Me dijiste que si te hacía enojar te podía dar un infarto y sería culpa mía.

Laura se cubrió la boca.

Saqué el teléfono viejo de Sofía.

Lo puse junto al expediente escolar.

—¿Por qué cambiaste mi número aquí?

—Fue un error.

—Entonces explícame por qué pusiste exactamente el mismo número falso en su teléfono.

Teresa abrió la boca.

No salió ninguna