cocina llena de frutas, pan, chocolates y botanas.
A la mañana siguiente estaba vacía.
Encontré comida escondida debajo de la cama de Sofía.
Dentro de su mochila.
En el clóset.
No dije nada.
Simplemente volví a llenar la canasta.
Lo hice cada día.
Semanas después empezó a esconder menos.
Hasta que un sábado vi una barra de chocolate en el mismo lugar durante 3 días.
Entré al baño y lloré.
Aquella barra intacta significaba que una pequeña parte de Sofía finalmente empezaba a creer que mañana también habría comida.
Meses