después compró una pluma de 40 pesos.
Llegó con el recibo.
—Papá, vi otra de 20 después. Perdón.
—¿Te gusta más esta?
—Sí.
—Entonces fueron 40 pesos bien gastados.
Me miró sorprendida.
—¿No estás enojado?
—No.
Con el tiempo dejó de enseñarme recibos.
Nunca pensé que algo tan pequeño pudiera hacerme tan feliz.
El proceso contra Teresa avanzó.
Las autoridades encontraron solicitudes falsas, firmas alteradas y movimientos financieros.
Tuvo que vender su automóvil y liquidar inversiones para devolver parte del dinero.
Daniel también vendió su departamento y regresó los 620,