Regresé para castigar a mi hija por haber desperdiciado 58,000 pesos. Pero en la escuela la encontré guardando medio bolillo para la cena. Cuando la orientadora abrió su expediente, señaló una frase y preguntó: —Señor Salgado, ¿por qué aquí dice que usted nunca le ha enviado dinero kara?

70,000 y 90,000 pesos todos los meses para su manutención y los gastos de mi madre.

Jimena dejó de mover los papeles.

—¿Cuánto?

Saqué mi celular.

Abrí mi banca.

Le mostré 5 años de transferencias.

La expresión de aquella mujer cambió.

—Señor Salgado… tenemos un problema muy serio.

Me condujo hasta un salón de estudio.

A través del cristal vi a Sofía.

Sacó el medio bolillo que había guardado.

Lo rompió dentro de un vaso de cartón.

Luego agregó agua caliente de un dispensador.

—Hace eso casi todos