Bruno dio un paso.
Luego otro
Muy despacio
Como había hecho con Mateo aquel primer día en el parque.
Sentí un golpe en el pecho.
La misma paciencia
La misma ternura
El mismo gigante negro entrando en un mundo frágil sin romper nada.
Inés no dijo una palabra.
Pero cuando Bruno apoyó el hocico en el borde de la cama, sus dedos se movieron.
Primero uno
Luego dos
Hasta rozarle la oreja.
Su madre se tapó la boca.
Yo conocía ese gesto.
Lo había hecho tantas veces.
Inés acarició a