que había perdido todo era yo.
Respiré hondo.
—No perdiste todo.
Me miró sorprendido.
—Perdiste 5 años.
Sus ojos se humedecieron.
—Y nadie puede devolvérmelos.
—No.
—Pero todavía puedo estar en los próximos.
Miré hacia Valentina, Camila y Sofía.
3 pequeñas siluetas discutiendo sobre quién se sentaría junto a la ventana.
—Eso dependerá de ellas.
Mauricio asintió.
—Entonces seguiré viniendo los domingos.
Caminamos hacia el coche manteniendo cierta distancia.
No volvimos a ser marido y mujer.
No era ese tipo de historia.
Algunas cosas rotas no necesitan pegarse para demostrar