En la gala benéfica, sorprendí a mi esposo abrazando a su amante. No grité. Saqué de mi bolso la carta de mi abogada y se la entregué. Él siguió sonriendo hasta que nuestro hijo de 9 años dijo: —Mamá, todavía falta enseñarle el video. La sonrisa de mi esposo desapareció al instante.

Nunca vuelvas a creer que es tu trabajo protegerme de los problemas de los adultos.

Mateo bajó la cabeza.

-Yo solo quería que dejara de mentirte.

-Lo sé.

Lo abracé con más fuerza.

-Y ahora quiero que vuelvas a ser un niño.

Los siguientes 7 meses fueron mucho menos espectaculares que aquella gala.

No hubo escenas en tribunales.

Hubo abogados.

Auditorías.

Estados de cuenta.

Declaraciones.

Documentos.

Y páginas y páginas de movimientos financieros.

La investigación descubrió que Rodrigo había desviado más de 7.4 millones de pesos hacia estructuras que