siguió por meses.
Yo nunca le expliqué a mi hija los detalles.
Solo le dije:
-Tu escuela está pagada.
Ella me miró desde la mesa de la cocina.
-¿Toda?
-Toda.
-¿Y el próximo año?
-También.
Sofía dejó el lápiz.
Luego rodeó mi cintura con los brazos.
No sabía cuánto necesitaba ese abrazo hasta que lo sentí.
-Mamá.
-¿Qué?
-Entonces sí puedo participar en la competencia de ciencias.
Cerré los ojos.
-Puedes participar en todas las que quieras.
Meses después volví a trabajar tiempo completo.
No porque quisiera demostrarle algo a