a Clara.
—No será difícil demostrarlo.
Entraron. Clara sintió un escalofrío al recordar el catre separado y la línea de carbón, pero ninguno existía ya. Había 2 tazas junto a la estufa, ropa de ambos colgada en los mismos clavos, su costurero al lado de las herramientas de Mateo y una sola cama detrás de la cortina.
Barragán revisó el acta matrimonial.
—¿Desde cuándo vive aquí, señora Valdivia?
—Desde 2 días después de la boda.
—¿Tiene intención de continuar?
Clara miró a Mateo. Él parecía contener la respiración.
—Eso no