Marta había aceptado un turno nocturno en una cafetería próxima a Méndez Álvaro porque necesitaba pagar el alquiler después de perder el empleo sin previo aviso.
Regresó a casa antes de ir a buscarla porque Lucía empezó a encontrarse mal. La niña tenía fiebre por una infección vírica que el pediatra confirmó esa misma noche, pero lo que más preocupaba al médico era que se negaba a beber, apenas reaccionaba y había vuelto a encerrarse en un silencio absoluto.
—La infección es tratable —explicó—, pero está muy afectada emocionalmente. Hay