Volví 2 horas antes y encontré a mi hija, muda desde hacía 2 años, riendo abrazada a la empleada mientras mi prometida las miraba con desprecio. La oí decir: «Estás contratada para limpiar, no para jugar a ser su madre». No discutí: cancelé la boda y cambié las cerraduras. Pero aquella noche, el viejo oso de peluche reveló una grabación que explicaba por qué mi hija le tenía miedo kara.

aceptar caridad.

—No es caridad. Quiero contratar a otra persona para la casa y que tú decidas si quieres quedarte como acompañante de Lucía mientras buscamos una terapeuta con la que ella conecte. Con contrato, horario, descanso y el sueldo que corresponde. Y si prefieres marcharte cuando Lucía esté estable, lo aceptaré.

Marta guardó silencio.

—Me quedaré por ella. Pero con una condición.

—La que sea.

—Nunca vuelva a decidir sobre su hija pensando primero en lo que dirá la gente.

Javier bajó la cabeza.

—Aceptado.

Las semanas siguientes cambiaron