aceptar caridad.
—No es caridad. Quiero contratar a otra persona para la casa y que tú decidas si quieres quedarte como acompañante de Lucía mientras buscamos una terapeuta con la que ella conecte. Con contrato, horario, descanso y el sueldo que corresponde. Y si prefieres marcharte cuando Lucía esté estable, lo aceptaré.
Marta guardó silencio.
—Me quedaré por ella. Pero con una condición.
—La que sea.
—Nunca vuelva a decidir sobre su hija pensando primero en lo que dirá la gente.
Javier bajó la cabeza.
—Aceptado.
Las semanas siguientes cambiaron