seguimos así, el monstruo del polvo nos alcanzará antes de la merienda.
Lucía volvió a reír.
Entonces unos tacones golpearon el mármol del pasillo.
—¿Se puede saber qué barbaridad es esta?
Claudia, la prometida de Javier, apareció con el rostro endurecido. La risa de Lucía murió al instante. Marta bajó a la niña con cuidado, pero Lucía se escondió detrás de sus piernas.
—Estás contratada para limpiar, no para jugar a ser su madre —espetó Claudia—. Aléjate de ella.
Intentó agarrar a Lucía del brazo.
—¡No! —gritó la niña.
Javier