Volví 2 horas antes y encontré a mi hija, muda desde hacía 2 años, riendo abrazada a la empleada mientras mi prometida las miraba con desprecio. La oí decir: «Estás contratada para limpiar, no para jugar a ser su madre». No discutí: cancelé la boda y cambié las cerraduras. Pero aquella noche, el viejo oso de peluche reveló una grabación que explicaba por qué mi hija le tenía miedo kara.

Marta junto a la zona de servicio. La sujetó con fuerza del brazo y le enseñó en el móvil la web de un internado en Suiza.

—Cuando me case con él, la niña se irá. Y tú desaparecerás antes.

Marta no respondió. Solo pensó en Lucía.

Y esa misma noche decidió que, aunque perdiera el trabajo, no permitiría que Claudia la apartara de la única persona que había conseguido devolver a la vida.

PARTE 2

Durante los días siguientes, Javier empezó a trabajar desde casa. Desde su despacho veía a