El Secreto Del Baño Que Hizo Temblar A Una Madre-kara

quedó medio dormida en el agua”, decía.

Yo quería creerlo.

Pero había cansancios que no se parecen al sueño.

Una noche intenté secarle el pelo.

Apenas encendí el secador, Sophie se apartó de golpe.

No fue el movimiento de una niña caprichosa.

Fue el movimiento de alguien que espera que algo malo pase.

El aire caliente me golpeó la mano vacía.

Ella se quedó mirando el suelo, con su conejito apretado contra el pecho.

“Perdón”, murmuró.

Esa palabra me hizo más daño que el movimiento.

Una niña de cinco años