Mi hijo de 13 años llevaba 6 meses lavando platos para comprarse una bicicleta. Una noche lo vi esconder un montón de dinero. Días después volvió cubierto de lodo y con la ropa rota. Entonces su jefe me llamó y preguntó: —Señora, ¿sabe qué hace Mateo con cada pago? Le dije que ahorraba para su bicicleta. Guardó silencio. —Entonces ya es hora de que sepa la verdad.

dejado de querer cosas.

Seguía teniendo 13 años.

Seguía deseando una bicicleta.

Simplemente había decidido que podía esperar.

—Entonces ¿por qué hacerlo durante 6 meses?

Mateo tardó unos segundos en responder.

—Porque cuando nosotros necesitábamos ayuda, alguien apareció.

Se encogió de hombros.

—Pensé que ahora podía ser yo.

Luego miró el sobre lleno de recibos.

—Además, papá habría ayudado.

Sentí que algo dentro de mí cedía.

—No uses a tu padre para justificar ponerte en peligro.

—No lo hago.

Su voz se quebró.

—Solo quería parecerme a él.

Eso terminó