—Lo sé.
Le extendí a Emilia.
—Entonces cárgala 10 minutos mientras le doy la medicina a Sofía.
No movió los brazos.
—Eso es exactamente lo que digo. Todo se convirtió en una emergencia.
Lo miré.
—Tenemos una recién nacida y una niña enferma, Mauricio.
—Necesito respirar.
—¿Y cuándo respiro yo?
No respondió.
Me dijo que dormiría en casa de Arturo, un amigo suyo.
Que quizá serían 2 semanas.
Tal vez 3.
Después tomó la maleta y se fue.
A la 1:40 de la madrugada, Sofía tenía casi 40 grados