Mi esposo me dejó sola con nuestra bebé de 3 meses y nuestra hija enferma de 2 años. —Este matrimonio es tóxico. Necesito espacio. 3 semanas después, regresó de Europa sonriendo. —Ya me divertí. Vuelvo a ser tu esposo. Entonces vio al hombre sentado a mi mesa. Daniel levantó la mirada. —Bienvenido a casa, Mauricio. Mi esposo palideció.

—Lo sé.

Le extendí a Emilia.

—Entonces cárgala 10 minutos mientras le doy la medicina a Sofía.

No movió los brazos.

—Eso es exactamente lo que digo. Todo se convirtió en una emergencia.

Lo miré.

—Tenemos una recién nacida y una niña enferma, Mauricio.

—Necesito respirar.

—¿Y cuándo respiro yo?

No respondió.

Me dijo que dormiría en casa de Arturo, un amigo suyo.

Que quizá serían 2 semanas.

Tal vez 3.

Después tomó la maleta y se fue.

A la 1:40 de la madrugada, Sofía tenía casi 40 grados