El millonario llegó furioso a cobrar tres meses de renta atrasada… pero al abrirse la puerta encontró a una niña de siete años cosiendo hasta lastimarse las manos, y lo que había debajo del colchón cambió por completo el motivo de su visita

firmada meses atrás por Alejandro.

Su firma era auténtica.

Eso fue lo peor.

—Yo firmé esto.

—Sí —dijo Eduardo—. Pero lee lo que autorizaste.

El documento permitía a Roberto negociar salidas voluntarias de arrendatarios para realizar mantenimiento.

No permitía vender departamentos.

No permitía recibir pagos en cuentas externas.

Y definitivamente no permitía anunciar una preventa.

—Usó una autorización limitada como si fuera mucho más amplia —dijo Eduardo.

—¿Eso basta?

—Para probar todo, no.

Alejandro golpeó suavemente la mesa.

—Entonces necesitamos algo más.

Eduardo abrió los movimientos bancarios.

No encontró las