Mariana cerró los ojos mientras el aire le daba en el rostro.
Pareció tranquila durante unos minutos.
Entonces apareció el coche de Teresa.
La madre de Mariana bajó cargando una fuente con comida.
Cuando vio a su hija tan delgada bajo las mantas, su expresión cambió.
—Mi niña…
La besó en la frente.
Después miró a Bruno.
—¿También está aquí?
—Yo quería que estuviera —respondió Mariana.
Teresa me pidió hablar dentro.
En cuanto cerramos la puerta, dejó la comida sobre la mesa.
—Me dijo que anoche el perro estuvo en