que Ethan alguna vez quiso salvar.
Cuando Sofia me enseñó los reportajes, me dijo:
—La gente ya la está destrozando.
—No quiero eso.
—No puedes controlarlo.
—Pero puedo no participar.
Y no participé.
Mientras el mundo discutía quién era la villana y quién la víctima, yo empecé a despertar temprano.
Compré semillas.
Tomates. Romero. Albahaca. Calabacines. Girasoles.
Contraté a un vecino llamado Martin para que me ayudara a preparar la tierra. Era un hombre de unos sesenta años, viudo, con manos enormes y una paciencia infinita. No veía mis películas.