a podarlos. Sofia venía los domingos y fingía que odiaba el campo, aunque siempre se llevaba una canasta de verduras.
Una tarde de otoño, recibí una caja sin remitente.
Dentro había un viejo cassette.
Lo reconocí de inmediato.
Era la grabación de Ethan cantando aquella canción con la que me pidió ser su novia hacía doce años.
Junto al cassette había una nota.
“Lo siento. No por perderte, sino por haberte hecho sentir reemplazable. Nunca lo fuiste.”
Me senté en el porche durante mucho tiempo.
No lloré.
Tampoco tiré el