Después se quedó quieto.
–No sé qué somos ahora.
Lo miré.
–Yo tampoco.
–Pero no quiero regresar a mi vida anterior y fingir que estos meses nunca ocurrieron.
No respondió nada más.
Eso también me gustó.
No intentó comprar una respuesta.
No hizo una gran promesa.
Solo esperó.
Saqué un delantal.
Se lo lancé.
Lo atrapó.
–Mañana tenemos que preparar 180 panes para el refugio.
Miró el delantal.
–Tengo una reunión a las 8.
–Entonces levántate temprano.
Sonrió.
Casi 1 año después, una nueva tormenta comenzó a cubrir Denver de