primero decía que Alejandro estaba desesperado.
El segundo decía que la situación era más complicada de lo que parecía.
El tercero decía algo distinto.
“Tu hermano dice que si tú puedes pagar un viaje así, también puedes ayudarlo.”
Lo leí dos veces.
Después bloqueé la pantalla.
No porque quisiera castigar a nadie.
Porque entendí que la discusión ya no era
económica.
Querían usar mi capacidad para pagar mis propias vacaciones como prueba de que yo debía financiar las consecuencias de las decisiones de Alejandro.
Y yo no aceptaba esa lógica.