a Adrián.
—Gracias por encontrarlas.
Adrián respondió:
—Son mi familia también.
Meses después, Daniel limpió su nombre y ayudó a desmantelar por completo la red de fraude de su padre.
Yo dejé de trabajar bajo aquella presión constante y fundé mi propio estudio creativo.
Y Adrián…
Adrián seguía siendo el hombre más intimidante de Manhattan.
Excepto cuando Mia estaba cerca.
Una tarde, mientras cenábamos los tres, Mia miró a Adrián.
—Entonces, ¿sigues queriendo ser mi papá?
Adrián sonrió.
—Si tu mamá me deja.
Yo lo miré.
—Creo que tendrás que