de cuestionar mi maternidad frente al niño. Las primeras visitas serían acompañadas.
Beatriz apretó los labios.
—¿Y qué quieres a cambio?
—Una carta.
—¿Qué carta?
—Para Mateo. Para cuando sea mayor. Quiero que pueda leer que usted reconoce que me hizo sentir que debía protegerlo de su familia.
—Eso es humillante.
—Humillante fue ofrecerme dinero para desaparecer.
Miró a Alejandro.
Durante nuestro matrimonio, ese era el momento exacto en que él habría dicho: “Ya, Daniela, no hagamos esto más grande”.
Esperé.
Alejandro respiró.
—Escribe la carta, mamá.
Beatriz abrió los