ojos.
—¿Vas a ponerte de su lado?
—Voy a ponerme del lado de mi hijo. Y para que él esté bien, su mamá no puede volver a ser tratada como una intrusa.
Para otros quizá fue una frase.
Para mí fue el cierre de una herida.
No porque Alejandro hubiera elegido “mi lado”, sino porque por fin entendía que guardar silencio también era una elección.
Beatriz tardó dos semanas. La primera carta parecía escrita por relaciones públicas. La rechacé. La segunda culpaba a “las circunstancias”. También la rechacé.
La tercera