mamá de mi papá?
—Sí.
—Entonces eres mi abuela.
Beatriz tragó saliva.
—Si tú quieres.
Mateo le dio un bloque azul.
—Haz una casa.
Y así, una mujer que durante años me había hecho sentir pequeña terminó sentada en el piso construyendo una casa chueca de plástico.
No la perdoné ese día.
Pero dejó de ser una amenaza inevitable.
Con el tiempo aprendió algo que para ella parecía revolucionario: preguntar.
Meses después, Beatriz apareció un domingo con una olla de caldo de pollo.
—Alejandro dice que cuando estás cansada se