te olvida comer —dijo, sin mirarme demasiado.
—¿Usted cocinó?
—No pongas esa cara. Sé cocinar.
Probé una cucharada.
—Está bueno.
Ella asintió, satisfecha.
No nos abrazamos. No nos convertimos en amigas. Algunas relaciones no necesitan volverse cálidas para volverse dignas. A veces el verdadero cambio consiste en que la persona que antes invadía tu espacio aprenda a tocar la puerta, y que tú puedas abrir sin sentir que estás perdiendo terreno.
Mateo nunca supo cuánto costó llegar a esa escena. Para él, su abuela simplemente llevaba caldo los domingos y