de comal.
Se quedó pensativo.
—Buen punto.
Me reí.
Fue la primera vez que me reí con él sin culpa.
Meses después formalizamos un acuerdo de convivencia y responsabilidades parentales. Mateo seguiría viviendo principalmente conmigo, pero Alejandro tendría convivencias amplias y participación en decisiones médicas y escolares.
Pudo haber peleado por más.
Tenía dinero y abogados.
No lo hizo.
Cuando su propio abogado le preguntó si quería una estrategia más agresiva, respondió:
—No quiero ganar una pelea y que mi hijo pierda la tranquilidad.
Ese día lo miré distinto.
No