una comida familiar sin avisarme. Alejandro canceló el plan antes de que yo interviniera.
Su madre se ofendió.
Mateo nunca se enteró.
Ese era el objetivo: los adultos podían cargar con el orgullo; el niño no.
Cuando Mateo cumplió cinco años preguntó:
—¿Por qué papá no estaba cuando yo era bebé?
Alejandro y yo habíamos hablado con una terapeuta infantil.
—Porque mamá tuvo miedo y papá no sabía que estabas en su pancita. Los adultos cometimos errores.
Mateo frunció el ceño.
—¿Yo fui un error?
Alejandro se arrodilló frente a