del miedo, de su familia y de todo lo que habríamos hecho diferente.
No nos reconciliamos de golpe.
No quisimos usar a Mateo como pegamento. Un hijo no debería cargar con la tarea de reparar el matrimonio de sus padres.
Volvimos a conocernos como adultos.
Tres años después de aquella noche en urgencias, Alejandro me pidió matrimonio en el parque donde habíamos tenido nuestra primera reunión con abogados.
Mateo perseguía palomas mientras él sacaba una caja.
—No quiero recuperar nuestro matrimonio anterior —dijo—. Quiero construir uno donde tú no calles