y yo no mire hacia otro lado.
Miré el anillo.
—No.
Su rostro cambió, pero no discutió.
—Está bien.
Tomé su mano.
—Pregúntame otra vez en un año.
La esperanza volvió a sus ojos.
—¿Eso es un sí aplazado?
—Es una auditoría emocional.
Un año después volvió a preguntar.
Dije sí.
Nos casamos en una ceremonia pequeña en Guadalajara. Mateo llevó los anillos. Mi madre lloró sin discreción. Beatriz intentó no hacerlo. Alejandro lloró cuando me vio caminar hacia él.
Cuando llegué a su lado, tomó mis manos.
—Esta vez