no voy a dejar que el silencio decida por nosotros.
—Y yo no voy a huir antes de hablar.
No fueron votos perfectos.
Fueron verdaderos.
Años después, Mateo volvió a tener fiebre.
Nada grave.
Alejandro se sentó junto a su cama con una toalla húmeda.
—Papá —preguntó Mateo—, ¿la primera vez que me viste yo estaba enfermo?
—Sí.
—¿Te dio miedo?
Alejandro acarició su cabello.
—Muchísimo.
—¿Por la fiebre?
—Por la fiebre… y porque entendí que había estado esperando conocerte sin saber que existías.
Mateo hizo una mueca.
—Eso suena