lo que pensamos.
Diego comenzó a revisar antiguos registros empresariales. El aserradero había desaparecido hacía décadas, pero varios documentos de la época seguían archivados.
Las iniciales coincidían con un nombre: Rogelio Salcedo.
En los años noventa había sido administrador de operaciones. Actualmente era propietario de un poderoso grupo constructor con negocios en Guadalajara, Zapopan y varias zonas turísticas de Jalisco.
Pero Diego descubrió algo todavía más inquietante.
La empresa interesada en comprar la casa pertenecía a una sociedad vinculada a uno de los hijos de Salcedo.
Teresa sintió que el