inicialmente dudó sobre hablar con ellos, pero comprendió que la exposición pública hacía más difícil que el expediente volviera a desaparecer silenciosamente.
Entonces ocurrió algo que Teresa jamás esperaba.
Un antiguo trabajador del aserradero, de ochenta y dos años, pidió declarar.
Se llamaba Julián.
Había pertenecido a la misma cuadrilla que Gabriel.
Durante tres décadas había repetido que no recordaba bien el accidente.
Esta vez habló.
—Nos obligaron a mentir.
Contó que aquella mañana dos hombres desconocidos aparecieron antes de iniciar el trabajo. Uno de ellos habló con el encargado