de la cuadrilla. Posteriormente modificaron el orden habitual de tala y enviaron a Gabriel a revisar una zona donde no debía encontrarse nadie.
Julián escuchó una discusión.
Horas después, Gabriel estaba muerto.
—Yo tenía veintisiete años, dos hijos y una esposa embarazada —dijo llorando—. Me amenazaron. Dije lo que ellos querían.
Su testimonio coincidió con las primeras notas de Enrique
Morales que todavía sobrevivían en una copia del expediente original.
Para Teresa, aquello fue más doloroso que satisfactorio.
Cada nueva prueba significaba que su padre había tenido razón al tener