miedo.
También significaba que su madre había vivido sola todos esos años sabiendo que el hombre responsable continuaba libre, enriquecido y respetado.
Una noche regresó al pozo y se sentó junto a él.
—¿Por qué no me lo contaste, mamá? —murmuró.
Doña Lupita, que había llegado sin hacer ruido, respondió desde la puerta del patio.
—Porque eras lo único que le quedaba.
La anciana se acercó.
—Elena pensó muchas veces en hablar. Una vez incluso preparó una maleta para irse contigo a la ciudad y denunciar todo. Pero aquella misma