San Miguel de la Sierra.
Reparó el techo, pintó las paredes y convirtió la antigua habitación de Elena en un pequeño espacio donde guardó fotografías familiares y copias de los documentos que habían permitido recuperar la verdad.
También restauró el pozo.
Algunos vecinos le preguntaron por qué no lo tapaba después de tantos recuerdos dolorosos.
Ella siempre respondía lo mismo:
—Porque el pozo no escondió la verdad. La protegió hasta que alguien estuvo dispuesto a escucharla.
Doña Lupita alcanzó a ver la casa terminada.
Una tarde, ambas tomaban café en