vez en cinco años lo miré de verdad.
Ya no vi al hombre enfermo.
Vi al monstruo cómodo.
—Se me olvidó.
Su cara cambió.
—¿Cómo que se te olvidó?
No contesté.
Le acomodé la almohada.
Le tapé las piernas.
Le di sus pastillas.
Hice todo igual.
Pero por dentro ya no era la misma.
Al día siguiente empecé. Horarioy calendarios
Primero revisé los papeles.
Facturas.
Cuentas.
Escrituras.
Recibos.
Contratos.
Todo lo que él pensaba que yo no entendía porque “solo servía para cuidarlo”.
Encontré cosas.
Muchas.
Un seguro