vivo?
Bell bajó la mirada.
—Sí.
Sentí que todo el cuerpo se me tensaba.
—¿Dónde?
—No lo sé.
—No me mientas.
—No te estoy mintiendo.
—Entonces dime qué ocurrió.
Bell respiró profundamente.
—Victor trabajó para ellos durante años.
—¿Para Richard?
—Para la organización que financiaba a Richard.
—¿Por qué?
—Dinero al principio.
Bell me miró.
—Después quiso salir.
—¿Y fingió su muerte?
—Sí.
Sentí rabia, alivio y traición al mismo tiempo.
—Me dejó enterrarlo.
—Era la única manera de desaparecer.
—¡Era mi hermano!
Mi voz resonó por toda la iglesia.